Hasta el último estertor de los más profundos mares al extremecerse por tu recuerdo, enmudece en esta catedral de madera y barro consagrada a la memoria de los olvidados, para redimirse de la culpa enquistada en los recodos de la conciencia ligera y cotidiana.
Jamás podremos ser hombres sin ser culpables antes.
Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada