06 de desembre, 2006

Templos.

Hasta el último estertor de los más profundos mares al extremecerse por tu recuerdo, enmudece en esta catedral de madera y barro consagrada a la memoria de los olvidados, para redimirse de la culpa enquistada en los recodos de la conciencia ligera y cotidiana.

Jamás podremos ser hombres sin ser culpables antes.